domingo, 26 de abril de 2015

Edgar Morin: cultura y autonomía relativa. Implicaciones para la educación

Se podría afirmar que las sociedades se encuentran culturalmente determinadas, pero a su vez, estas comprometen el comportamiento de la cultura a través de lo que Edgar Morin ha denominado las interacciones cerebrales/individuales. Esto último ocurre gracias a esa relación que se da entre el lenguaje (vehículo cognitivo) y la cultura, en donde la primera impacta (organiza) en la segunda, la cual es poseedora de un capital cognitivo (conocimientos, experiencias, memoria histórica, creencias, entre otros), recordando que la cultura "es lo propio de la sociedad humana" según Morin. Esta a pesar que establece las reglas o normas que por un lado, organizan a la sociedad, y por el otro, gobiernan los comportamientos humanos, también es impactada por estas dos esferas: "Cultura y sociedad mantiene una relación generadora mutua y en esta relación no olvidemos las interacciones entre individuos que son, ellos mismos, portadores/transmisores de cultura (...) (Morin, 1991, p. 19). Esto último podría significar que los individuos poseen cierta autonomia relativa. Por ello, si se toma en cuenta lo mencionado, ¿se puede afirmar o ver a la educación como generadora de seres humanos homogéneos?  

Es posible decir que el denominado espíritu/cerebro individual (todo ser humano) posee o recibe desde su nacimiento, y a lo largo de toda su vida en lo que se podría llamar educación permanente, la cual involucra distintos tipos de educación, un conjunto de instrucciones. Siendo en el conjunto de interacciones entre espíritus/cerebro individuales que se da la cultura, siempre en un contexto social generador de conocimientos, dando lugar a la relación conocimiento-cultura-sociedad de forma recíproca. 

Ahora bien, para que este conocimiento se pueda dar visto desde el ámbito de la educación, y del individuo en ella, hay que tomar en cuenta que este posee una memoria biológica propia y una memoria cultural que configuran su conocimiento a partir de lo que Morin denomina un logicial: "(...) conjunto de principios, reglas e instrucciones que manda/controlan operaciones cognitivas (...)" (Morin, 1991, p. 21). Se puede decir así que las actividades cognitivas (pensamiento y conocimiento) surgen de la interacción entre un polilogicial de origen cerebral y un polilogicial de origen sociocultural, lo que hace que el individuo esté determinado en buena medida, pero él también determine a la cultura, paradójicamente gracias a este escenario. En palabras de Morin (1991): "No es únicamente el conocimiento de un cerebro en un cuerpo y de un espíritu en una cultura: es el conocimiento que genera de forma bio-antropo-cultural un espíritu/cerebro (...) (p. 22). La ya mencionada interacción puede crear una producción compleja de conocimientos, lo que lleva a decir que de esta forma se crea la "autonomía relativa del espíritu/cerebro" de la que habla el citado autor, el cual en interacción con otros seres tiene la posibilidad de determinar cómo se da la relación entre la sociedad y el conocimiento, mediado por la cultura. Nuevamente, la cultura impacta en el pensamiento y la producción de conocimiento, pero este también impacta en la cultura. Es decir, tanto uno como el otro es productor y producido (relación dialéctica) al mismo tiempo. 

Y la educación (formal, no formal e informal) como parte de este contexto complejo de interelaciones entre conocimiento-cultura-sociedad, en donde es (trans)formado por esto, pero al mismo tiempo es (trans)formador de esta realidad, no puede generar seres humanos del todo homogéneos, ya que son las autonomias relativas de estos espíritus/cerebros en sus relaciones individuales y colectivas los que pueden determinar cómo se constituye su educación. Tal y como dice Morin (1991): "Aún cuando es mandado y controlado por los diversos logiciales de los que hemos hablado, el individuo siempre dispone de su computadora personal (...) la posibilidad de autonomía del espíritu individual está inscrita en el principio de su conocimiento, y ello tanto en el nivel de su conocimiento ordinario cuanto en el nivel del pensamiento filosófico o científico" (p. 22).  

Referencias

Morin, E. (1986).   Cultura, Conocimiento y Determinismos Culturales. Recuperado de: http://www.edgarmorin.org/images/publicaciones/edgar-morin-cultura-conocimiento-y-determinismos-culturales.pdf   

2 comentarios:

  1. Compañero Dimitar, al leerte me resulta curioso observar como las lecturas de Edgar Morin, “el padre del pensamiento complejo”, nos conducen a escribir también de una manera compleja. Digo esto porque cuando me toco, aparecieron términos complejos en mi redacción, términos que sentía la necesidad de utilizar para poder así darle sentido a las ideas que quería reflejar, reflexiones hechas basadas en las lectura de uno de los capítulos del mencionado escritor.
    Así mismo lo percibí al leer la reflexión correspondiente a esta lectura en tu blog. Son muchos términos que se interrelacionan y se retroalimentan entre sí, y cada uno de ellos es tan complejo en sí mismo, que a lo largo de la reflexión me llego a perder un poco en lo que en sí es la idea inicial, mismo efecto que tenía la lectura original del capítulo Cultura-Conocimiento de Morin.
    Sin embargo, creo que finalmente logramos coincidir, cuando hace mención a la “autonomía relativa del espíritu-cerebro”, en la que el individuo, como ser individual pero también sujeto a la interacción con otros seres es determinante en la relación y así también en la transformación de las sociedad y el conocimiento, mediada por la cultura.
    Ha sido un gusto compartir contigo este intercambio de saberes.

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  2. Hablando de tecnología y la trascendencia de la condición humana…, citando a mi compañero Dimitar (2015), en la primera reflexión de su blog “Educación y Tecnología”. Esto me lleva a pensar… ¿Hasta dónde trasciende la tecnología, y con ella la condición humana?, o ¿hasta dónde trasciende la condición humana y con ella la tecnología?
    En el trascurrir de éstas últimas semanas, hemos hablado de cómo una manera de hacer ciencia, “la tecnología”, creada por el hombre, cada vez más trasciende espacios de nuestro hacer cotidiano, haciéndose cada vez más “necesaria”, haciéndonos cada vez más “dependientes”. Es así como, hoy día se nos hace difícil imaginar cómo podríamos realizar muchas de las actividades de nuestro día a día sin el uso, por ejemplo, de un teléfono celular o de un computador.
    Dimitar nos hace referencia en ésta publicación del blog, de cómo la tecnología tiene sus orígenes, en un principio en quienes la producen y en el para qué la producen, y luego de esto, en el uso que le damos de acuerdo a las necesidades e intereses de los diferentes entornos de la sociedad. Hemos visto como en algunas disciplinas se ha intentado exaltar sus potencialidades al máximo, hasta llegar a confeccionar incluso prótesis que sobrepasan los límites de la anatomía y fisiología humana; sin embargo todavía existen disciplinas que tratan de ajustarse a la tecnología actual, cuando tal vez lo que se deba hacer es buscar cómo adaptar la tecnología a su práctica actual, a fin de, como se señala al final de ésta reflexión, “potenciar y proyectar su condición humana colectiva”; tal es el caso, por ejemplo, de la educación…

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